Dios - Quien es Dios

¿Quien es Dios?

YHWH es dado en la Biblia como el nombre de Dios. En la mayoría de las Biblias inglesas es traducido como Señor, en letras minúsculas. El nombre tiene varias versiones en inglés, incluyendo Yehová, Jehová, y Yavé. El significado más probable del nombre puede ser “El trae a Existencia todo lo que existe,” pero hay muchas teorías y ninguna es apreciada como concluyente.
Dios es el Ser Trino Supremo, el Creador soberano y Gobernante del universo, el objeto principal de la fe Cristiana. Dios es el eterno gobernante de todas las cosas y de todos los seres que existen, ya sea en el universo físico o en el espiritual (El Cielo). No sólo es Dios el creador y gobernante de las cosas y de los seres, sino el creador mismo de los reinos en sí.

Dios creó el universo físico y antes de haber actuado en su creación, el universo no existía. Así mismo hizo con el reino espiritual. Desde el punto de vista bíblico, es generalmente acordado que es imposible dar una estricta definición de la idea de Dios. Esto se debe a que al usar un lenguaje finito para definir a un Dios infinito, rápidamente se prueba inadecuado. Dios es el Alfa y el Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Dios es también el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Sin embargo, algunos intentos han sido hecho hechos para dar una definición de Quién y Qué es Dios. Anselm dijo que Dios es “eso del cual nada más grande es concebible” y que Él es “El Ser Supremo”. No obstante, esto no comienza a abarcar lo que Dios ha revelado de Él mismo en la Biblia referente a su existencia, naturaleza, carácter, propósitos y más significativamente, la persona de Jesucristo. El estudio de Dios es la teología.

“Yo SOY el que SOY.” Éxodo 3:14

“Es el Dios que hizo cielo y tierra y todo lo que hay en él. El que es Señor de cielo y tierra no habita en templos construidos por hombres ni pide que le sirvan manos humanas, como si necesitase algo. Porque él da vida y aliento y todo a todos. De uno solo formó toda la raza humana, para que poblase la superficie entera de la tierra.

El definió las etapas de la historia y las fronteras de los países.

Hizo que buscaran a Dios y que lo encontraran aún a tientas. Porque no está lejos de ninguno de nosotros…” Hechos 17: 24-27

Dios es revelado: Cómo sabemos acerca de Dios

Además de la creación, Dios es revelado de varias maneras, incluyendo la consciencia, la cual nos testifica que ciertas cosas son incorrectas; y por revelación especial por medio de la Iglesia; la Biblia y los profetas. Más importante aún, es que Dios es revelado en Jesucristo, quien es el Hijo de Dios. La Iglesia enseña que tenemos conocimiento de Dios solo porque Dios se ha revelado él mismo a su creación. Dios es el Señor y se ha revelado Él mismo a nosotros; “¡Bendito quien viene en el nombre del Señor!” (Sal 118:26-27)

Adicionalmente, la auto revelación de Dios es encontrada en Su hijo Jesucristo, el cumplimiento de la gradual y parcial revelación de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús es el único verdaderamente “bendito…quien viene en el nombre del Señor.”

Atributos o carácter de Dios

Dios Todopoderoso

Los atributos de Dios son cosas que lo describen a él tal y como es. Similar a la manera en la que uno podría describir a un amigo cercano a otro, así también estos atributos describen la naturaleza y el carácter de Dios. Los atributos de Dios incluyen, sin limitarlos, a la Sabiduría, Infinitud, Soberanía, Santidad, Trinidad, Omnisciencia, Fidelidad, Amor, Omnipotencia, Auto existencia, Auto suficiencia, Justicia, Inmutabilidad, Misericordia, Eternidad, Bondad, Gracia y Omnipresencia. Estos atributos trabajan todos en una completa y perfecta armonía entre ellos.

Dios es Santo

Según las Escrituras y la experiencia de los santos en el antiguo y nuevo testamentos, Dios es absolutamente santo. Esto significa literalmente que Él es absolutamente diferente y como nadie ni nada que jamás haya existido. Él es tan único y tan perfecto que su existencia no puede ser comparada a ninguna otra existencia. Dios es absolutamente trascendente, “lo que Él es, por esencia y naturaleza, es todo junto más allá de nuestra comprensión y conocimiento” (San Juan de Damasco)

Dios es Trino

Aunque la Biblia no use el término, es claro que Dios es un Dios trino, o tres en uno. Estos son referidos como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. La primera clave de Trinidad está en Génesis 1:26 “Hagamos al hombre a nuestra semejanza”, indicando que Dios es una pluralidad. Las tres personas de Dios son tratadas como equivalentes en estas palabras de Jesús justo después de Su resurrección:

“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” Mateo 28:19

Un Dios, La Santa Trinidad

La Trinidad es el término empleado para significar la doctrina central de la religión Cristiana – la verdad de que en la unidad de la Divinidad hay Tres Personas siendo verdaderamente distintas una de otra, cada quien “mora” en las otras dos, por virtud de un perpetuo movimiento de amor. Dios no es solamente una unidad sino una unión.

Así, en las palabras del Credo de Atanasio: “el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y aún así no hay tres Dioses sino un solo Dios.” En esta Trinidad de Personas el Hijo es engendrado del Padre por una generación eterna y el Espíritu Santo procede de una procesión eterna del Padre y del Hijo. No obstante, a pesar de esta diferencia en cuanto a origen, las Personas son co-eternas y co-iguales: son de la misma manera increadas y todopoderosas. Esto, la Iglesia enseña, es la revelación concerniente a la naturaleza de Dios, de la cual Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a la tierra a entregarse al mundo: y la Iglesia se lo propone al hombre como la fundación de su entero sistema dogmático.

Por consiguiente no hay nada creado, nada sujeto a otra Trinidad: ni hay nada que haya sido agregado como si nunca hubiera existido, pero que ha entrado después: consecuentemente el Padre nunca ha sido sin el Hijo ni sin el Espíritu: y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable para siempre. –San Gregorio Taumaturgo, P. G., X, 986.

Así como el Padre es “inefable, inconcebible, invisible, incomprensible, siempre-existente y eternamente el mismo” (Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo), el Hijo y el Espíritu son exactamente lo mismo. Cada atributo de la divinidad pertenece a Dios el Padre: vida, amor, sabiduría, verdad, santidad, poder, pureza y alegría, pertenecen equitativamente también al Hijo y al Espíritu Santo.

Padre Todopoderoso

Es Dios, el Yavé de Israel (el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob), de quien Jesucristo ha reclamado ser su Padre. Dios Todopoderoso es conocido como “Padre” a través de su hijo Jesucristo. Jesús le enseñó al hombre a llamar al Dios Todopoderoso con el título de Padre. Antes de Jesús, nadie se atrevió a orar a Dios con el nombre íntimo de Padre. Fue Jesús quien dijo, “oren así: Padre nuestro que estás en los cielos…”

Jesús es Dios

El primer versículo del Evangelio de Juan, en el cual Jesús es referido como la “Palabra”, aclara que Jesús es sinónimo de Dios:

En el principio existía la Palabra la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.” Juan 1:1

Este verso no solamente dice que “la Palabra” (Jesús) es sinónimo de Dios, sino que también dice que Él existió antes que todo lo demás hubiera existido, algo que solamente es verdadero de Dios.

Esto es reforzado dos versículos más adelante, en los cuales Jesús es descrito como el creador. El Génesis se refiere a Dios como el Creador.

Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.” Juan 1:3

El Espíritu Santo es Dios

En el siguiente pasaje, el Espíritu Santo es referido como Dios:

Pedro le dijo: “-Ananías, ¿Por qué dejaste que Satanás se adueñara de ti y mentiste al Espíritu Santo quedándote con parte del precio del campo? ¿No podías conservarlo? O, si lo vendías, ¿no podías quedarte con el precio? ¿Qué te movió a proceder así? No has mentido a los hombres, sino a Dios.” Hechos 5: 3-4

Dios es Omnisciente

Dios está en todas partes:

La omnipresencia de Dios una de las divinas atribuciones del Creador particularmente acentuado en las enseñanzas de la Iglesia.

Amar la totalidad de su buena creación, Dios mora dentro del mundo que ha creado por su bondad y amor al hombre. Esto no es para decir que Dios “es” su creación, puesto que él es más que eso, Dios está por encima y por fuera de su creación, y aún así él existe dentro ella.

No conocemos a Dios por su esencia y su naturaleza, sino por sus energías que bajaron a nosotros. Las energías de Dios, las cuales son Dios mismo, permean toda su creación y las experimentamos en las formas de gracia deífica y de luz divina. Nuestro Dios verdaderamente es un Dios que actúa en la historia, interviniendo directamente en situaciones concretas.

Dios lo sabe todo:

“En eso conoceremos que somos de la verdad y aquietaremos nuestro corazón ante El, porque si nuestro corazón nos arguye, mejor que nuestro corazón es Dios, que todo lo conoce.” 1 Juan 3:19-20

Porque Dios está afuera del tiempo, El puede ver y sabe el pasado y el futuro así como el presente.

“Dios” a veces usado para referirse a Dios el Padre

En la Biblia, la palabra “Dios” no siempre se refiere al ser de Dios como una totalidad, pero más específicamente se refiere a la Persona del Padre (Dios el Padre). Aquí hay algunos versículos que demuestran eso:

Juan 3:16

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna.”

1 Juan 4:10

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados.”

Note cómo en cada caso, “Padre” puede ser substituido por “Dios”. Por ejemplo, “Tanto amó el Padre al mundo, que entregó a su Hijo único”, y “no en que nosotros hayamos amado al Padre, sino en que él nos amó y envió a su Hijo.”

Terminología

La Biblia usa varias palabras distintas para referirse a Dios. “Dios” mismo no es un nombre, sino una palabra del inglés antiguo que significa ser supremo, deidad, la cual los traductores que tradujeron la Biblia al inglés la escogieron como la palabra inglesa apropiada por el hebreo Elohim y del griego Theos usado en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento respectivamente.

El otro término principal para Dios es el hebreo Adonai, usualmente traducido como Señor. Hay varias palabras compuestas usadas también en la Biblia, como por ejemplo el shaddai, la cual significa Dios Todopoderoso (“el” es una versión corta de elohim).

YHWH es dado en la Biblia como el nombre de Dios. En la mayoría de las Biblias inglesas es traducido como Señor, en letras minúsculas. El nombre tiene varias versiones en inglés, incluyendo Yehová, Jehová, y Yavé. El significado más probable del nombre puede ser “El trae a Existencia todo lo que existe,” pero hay muchas teorías y ninguna es apreciada como concluyente.

El Santísima Trinidad



Palabras de un ángel a la esposa sobre si el espíritu de sus pensamientos es bueno o malo; sobre cómo hay dos espíritus, uno increado y uno creado, y sobre sus características.

Las Profecías y Revelaciones de Santa Brígida de Suecia, Libro 1 - Capítulo 54

Un ángel habló a la esposa, diciendo: “Hay dos espíritus uno increado y uno creado. El increado tiene tres características. En primer lugar, es caliente, en segundo lugar es dulce y en tercer lugar es limpio. Primero, emite calor, no de las cosas creadas sino de sí mismo, pues, junto con el Padre y el Hijo, el es Creador de todas las cosas y todopoderoso. Él emana calor cuando toda el alma se inflama de amor por Dios. Segundo, es dulce, cuando nada complace ni deleita al alma más que Dios y la acumulación de sus obras. Tercero, es limpio y en Él no se puede hallar pecado ni deformidad, ni corrupción o mutabilidad.

Él no emana calor, como el fuego material o como el sol visible, haciendo que las cosas se derritan. Su calor es más bien el amor interno y el deseo del alma, que la llena y la agranda en Dios. Él es dulce para el alma, no de la misma forma en que lo es el vino o el placer sensual o algo que sea dulce en el mundo. La dulzura del Espíritu no se puede comparar con ninguna dulzura temporal y es inimaginable para aquellos que no la han experimentado. Tercero, el Espíritu es tan limpio como los rayos del sol, en los que no se puede encontrar mancha alguna.

El segundo, es decir, el espíritu creado también tiene tres características. Es ardiente, amargo e inmundo. Primero, quema y consume como el fuego, pues encandila al alma que posee con el fuego de la lujuria y el deseo depravado, de forma que el alma no puede ni pensar ni desear otra cosa que en satisfacer su deseo, hasta el punto de que, como resultado de ello, su vida temporal a veces se pierde con todo su honor y consolación. Segundo, es tan amargo como la hiel, pues al inflamar el alma con su lujuria los demás gozos se le hacen insulsos y los gozos eternos le parecen fatuos.

Todo lo que tiene que ver con Dios, y que el alma habría de hacer por Él, se le vuelve amargo y tan abominable como un vómito de bilis. Tercero, es inmundo, pues hace al alma tan vil y propensa al pecado que no se avergüenza de pecar ni desistiría de hacerlo si no fuera por que teme verse avergonzada ante otras personas, más que ante Dios. Es por esto que este espíritu arde como el fuego, porque quema por la iniquidad y encandila a los otros junto con él. También es por esto que este espíritu es amargo, porque todo lo bueno se le hace amargo y desea tornar lo bueno en amargo para los demás igual que hace consigo mismo. También es por esto que es inmundo, porque se deleita en la corrupción y busca hacer a los demás como a sí mismo.

Ahora bien, tú me puedes preguntar y decir: ‘¿Acaso no eres también tú un espíritu creado como ese? ¿Por qué no eres igual?’ Yo te respondo: Por supuesto que estoy creado por el mismo Dios que también creó al otro espíritu, pues tan sólo hay un Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y estos no son tres dioses sino un solo Dios. Ambos fuimos bien hechos y creados por Dios, porque Dios tan sólo ha creado lo bueno. Pero Yo soy como una estrella, pues me he mantenido fiel en la bondad y en el amor de Dios, en quien fui creado, y él es como el carbón, porque ha abandonado el amor de Dios. Por ello, igual que una estrella tiene brillo y esplendor y el carbón es negro, un buen ángel, que es como una estrella, tiene su esplendor, o sea, el Espíritu Santo.

Pues todo lo que tiene lo tiene de Dios, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Crece inflamado en el amor de Dios, brilla en su esplendor, se adhiere a él y se conforma a sí mismo con su voluntad sin querer nunca nada más que lo que Dios quiere. Es por esto que arde y es por esto que está limpio. El demonio es como feo carbón y es más feo que ninguna otra criatura, porque, igual que era más hermoso que los demás, tuvo que volverse más feo que los demás porque se opuso a su Creador. Igual que el ángel de Dios brilla con la luz de Dios y arde incesantemente en su amor, así el demonio está siempre quemándose en la angustia de su maldad. Su maldad es insaciable, como la gracia y la bondad del Espíritu Santo es indescriptible. No hay nadie en el mundo tan enraizado en el demonio que el buen Espíritu no lo visite alguna vez y mueva su corazón. Igualmente, tampoco hay nadie tan bueno que el demonio no trate de tocarlo con la tentación. Muchas personas buenas y justas son tentadas por el demonio con el permiso de Dios. Esto no es por maldad alguna de su parte sino para su mayor gloria.

El Hijo de Dios, uno en divinidad con el Padre y el Espíritu Santo, fue tentado en la naturaleza humana que tomó. ¡Cuánto más son sus elegidos puestos a prueba para una mayor recompensa! De nuevo, muchas buenas personas caen a veces en pecado y su conciencia se oscurece por la falsedad del demonio, pero ellos se vuelven a levantar robustecidos y se mantienen más fuertes que antes mediante el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, no hay nadie que no se dé cuenta de esto en su conciencia, tanto si la sugestión del demonio conduce a la deformidad del pecado como a la bondad, sólo con pensar en ello y examinarlo cuidadosamente. Y así, esposa de mi Señor, tú no has de dudar sobre si el espíritu de tus pensamientos es bueno o malo. Pues tu conciencia te dice qué cosas has de ignorar y cuáles escoger.

¿Qué ha de hacer una persona que está llena del demonio si, por esta razón, el Espíritu bueno no puede entrar en ella? Tiene que hacer tres cosas. Ha de hacer una pura e íntegra confesión de sus pecados, la cual, aún cuando no pueda estar profundamente arrepentida, debido a la dureza de su corazón, aún le puede beneficiar en la medida en que –debido a su confesión—el demonio le de cierta tregua y se aparte del camino del Espíritu bueno. Segundo, ha de ser humilde, decidir reparar los pecados cometidos y hacer todo el bien que pueda, y entonces el demonio empezará a abandonarla. Tercero, para conseguir que vuelva a ella de nuevo el buen Espíritu tiene que suplicar a Dios en humilde oración y, con el verdadero amor, arrepentirse de los pecados cometidos, ya que el amor a Dios mata al demonio. El demonio es tan envidioso y malicioso que antes muere cien veces que ver a alguien hacer con Dios un mínimo bien por amor”.

Entonces, la bendita Virgen habló a la esposa, diciendo: “¡Nueva esposa de mi Hijo, vístete, ponte el broche, es decir, la pasión de mi Hijo!” Ella le respondió: “¡Señora mía, pónmelo tú misma!” Y Ella dijo: “Claro que lo haré. También quiero que sepas cómo fue dispuesto mi Hijo y por qué los padres lo desearon tanto. Él estuvo, como si dijéramos, entre dos ciudades. Una voz de la primera ciudad le llamó diciendo: ‘Tú, que estás ahí entre las ciudades, eres un hombre sabio, pues sabes cómo protegerte de los peligros inminentes. También eres lo bastante fuerte como para resistir los males que amenazan. Además eres valiente, pues nada temes. Hemos estado deseándote y esperándote ¡Abre nuestra puerta! ¡Los enemigos la están bloqueando para que no se pueda abrir!’

Una voz de la segunda ciudad se oyó diciendo: ‘¡Tú hombre humanísimo y fortísimo, escucha nuestras quejas y gemidos! ¡Considera nuestra miseria y nuestra miserable penuria! Estamos siendo trillados como hierba cortada por una guadaña. Estamos languideciendo, apartados de toda bondad y toda nuestra fuerza nos ha abandonado ¡Ven a nosotros y sálvanos, pues solo a ti hemos esperado, hemos puesto nuestra esperanza en ti como libertador nuestro! ¡Ven y termina con nuestra penuria, transforma en gozo nuestros lamentos! ¡Sé nuestra ayuda y nuestra salvación! ¡Ven, dignísimo y benditísimo cuerpo, que procede de la purísima Virgen!’

Mi Hijo escuchó estas dos voces de las dos ciudades, es decir, del Cielo y del infierno. Por ello, en su misericordia, abrió las puertas del infierno mediante su amarga pasión y el derramamiento de su sangre, y rescató de allí a sus amigos. También abrió el Cielo, y dio gozo a los ángeles, al conducir hasta allí a los amigos que había rescatado del infierno ¡Hija mía, piensa en estas cosas y mantenlas siempre ante ti!”
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